Jesús Vallejo: «La gente lo ve acabado y no ve el trabajo que tiene»

Jesus Vallejo continúa con la tradición de tallar argizaiolas en Amezketa

Jesús Vallejo: «La gente lo ve acabado y no ve el trabajo que tiene»

Jesús Vallejo continúa con la tradición de tallar argizaiolas en Amezketa

Detalle de la talla de una pala con reloj.Amaia Núñez Yarza

Con la llegada del Día de Todos los Santos son muchas las personas que se acuerdan de Amezketa y de la tradición de encender argizaiolas que aún continúa en el municipio. Se puede decir que hoy en día es el único pueblo que lo mantiene, aunque en todos había esa costumbre. «Al sacar las sepulturas de las iglesias, en muchos casos se colocaron bancos hasta atrás. En Amezketa los párrocos dejaron unos ocho metros en la parte de adelante con bancos y atrás hay sitio para las argizaiolas. Creo que es una de las razones por la que se ha mantenido», comenta Jesús Vallejo, uno de los últimos tallistas de argizaiolas. «Sería bonito que continuara», reflexiona.

Trabajar la madera no le era desconocido. Antes de argizaiolas ya había realizado varias tallas, como el Gernika, para familiares. Al principio estudió las formas y los diseños tradicionales, que luego ha ido llevando a su estilo. «Normalmente tienen dos formas: humana o cuadrada. En las humanas, con cabeza y cuatro extremidades, una de las cabezas suele ser más grande para asirlo de ahí», explica Vallejo. Para el contorno se basa en argizaiolas que hay en el Museo San Telmo. «Las más antiguas son del siglo XVI, aunque la mayoría de las que se conocen son del siglo XX».

Las argizaiolas se encienden para iluminar el camino de los difuntos, «solo en domingos y festivos, y nunca en el funeral», explica. Él comenzó a hacerlas cuando tuvo que dejar de trabajar por problemas de salud. «Podría haberme dedicado a pasear, pero trabajaba de modelista y decidí probar». Su suegro, Silverio Artola, que era ebanista, también hacía argizaiolas y herramientas de madera «con las que llevar un poco de dinero a casa», recuerda.  «Hoy en día hay rastrillos hechos por él y dicen que son los mejores que hay». Aun y todo, en el municipio había más tallistas: «Eladio Balerdi, Dionisio Otermin, que era tío de mi mujer, y Jesús Alonso… De todos creo que el único que sigo soy yo».

Aunque los tallistas más conocidos sean hombres, las que se encargan de las argizaiolas en la iglesia son las mujeres. «Lo encienden al empezar la misa y lo apagan al acabar», explica. «En Amezketa hay una costumbre de ir todos los domingos a misa durante todo un año. Vienen hasta aunque vivan en otros pueblos. Las encargadas son las mujeres, si no hay hijas en la familia, la mujer del hijo es la que tiene que ir».

De madera de roble

Para el diseño tiene numerosas láminas preparadas, con diferentes exteriores e interiores. Cuando realiza un diseño nuevo, primero lo dibuja en papel y lo pasa a una tabla u okume fino al que da el acabado final. Con esto tiene la plantilla para futuros trabajos.

Algunas de las argizaiolas de Jesús VallejoPara el interior, dibuja el diseño, a tamaño real en papel, con las medidas y observaciones a tener en cuenta. Con todos esos datos, a la hora de hacerlos en la madera definitiva, no tiene problemas. Siempre utiliza madera de roble, «más difícil para trabajar pero duradero», de unos 23 milímetros de grosor y tallada por ambos lados,  «los dibujos que tienen suelen ser de naturaleza, no estaban relacionados con la iglesia. En algún caso, he solido poner lauburus, y para la parroquia de Errenteria le puse cruces en la cabeza por el lugar en el que iban a estar», explica Jesús Vallejo.

Una vez recortada la forma en la madera, la lija hasta quedar totalmente lisa y sin imperfecciones antes de continuar con los dibujos de dentro. Estos, primero los dibuja y luego los realiza a base de formón y gubia. Para finalizar pasa la lija a todo, «primero áspera y luego fina», para darle el acabado deseado antes de pasar al color.

Este lo elije según le apetece en el momento, con las mezclas que tiene preparadas en diferentes tonos. Para ello mezcla aceites especiales, cera y betún de judea para lograr el tono que quiere. Los tonos más oscuros dan un estilo más avejentado a la pieza. Aun y todo, admite que «no me gusta que sean demasiado oscuras, para que se vea el trabajo». Y finaliza el trabajo con varias manos de antipolillas. «Hasta ahora ninguno ha tenido problemas». Lo único que pide a los futuros dueños es que no le hagan agujeros para colgarlo. «No se dan cuenta que con ese agujero estropean todo el trabajo que he hecho», incide.

Jesús VallejoTodo el proceso lo hace a mano, porque le «gusta que sea artesanía». Defiende que así, «quien compra, se lleva algo hecho a mano completamente». Pocos se imaginan el proceso que conlleva el hacer cada una, desde el primer dibujo hasta el pintado final. «La gente lo ve acabado y no ve el trabajo que tiene». Sigue el mismo proceso en todos los trabajos que hace, sean kutxas o tallas.

Las argizaiolas están talladas por ambas caras, ya que mientras se quema la vela que tiene enroscada hay que ir dándole la vuelta. Las velas se venden ya en rollos y se colocan enteras, después de ablandarlas con un poco de calor para que sea más fácil darle forma. «En Amezketa hay una persona que se dedica a eso. Creo que su padre o su madre hacían lo mismo también». Él por ahora solo cambia las suyas, aunque se fija mucho en la calidad de la vela. «Hay algunas que gotean mucho. Esas no valen porque se queda la talla sucia y luego hay que limpiarlo bien antes de poner una nueva».

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