Beaskin, una restauración arqueológica en apuros

Cromlech Beaskinarte Luis Millan Txantxangorri Aldizkaria

Beaskin, una restauración arqueológica en apuros

Es frecuente encontrar megalitos deteriorados al poco de su restauración

Alberto González – otia@basozaina.com

La curiosidad me llevó hace cinco años a una excursión mañanera organizada por el Parketxe de Aralar a los chromlech de la depresión de Ondarre. En el entorno del dolmen Jentilharri, la buena compañía y amena charla de Luismari Zaldua convirtieron las ganas de aprender en un día entretenido y didáctico, apto para todos los públicos. Poco después, un amigo, dos casualidades y tres arkuek me pusieron ante los mejores y más sabios maestros que hubiera soñado tener para profundizar en el megalitismo, menhires, dólmenes, chromlech y túmulos funerarios, el grupo de prospección Hilharriak, las gafas del arqueólogo, Barrero, Campo, Gaztelu, Martínez, Mercader, Millán, Taberna, Tamayo y Txintxurreta, los buscadores de megalitos, han encontrado cientos, un extraordinario y altruista trabajo.

Desde el principio dos peculiaridades me llamaron la atención, la primera fue tener la sensación de que con los precedentes que había, se estaban restaurando megalitos de 3000 o 4000 años con demasiada «alegría». Ignorancia, bisoñez, ingenuidad o complejo de recién llegado me llevaron primero a preguntar y luego a profundizar en arqueología, antropología, etnografía, prehistoria, historia o geografía. Hay cosas que se están haciendo bien, pero todas esas ciencias al ser sociales, todavía con frecuencia simulan con descaro adaptarse a las sencillas leyes aunque difíciles de cumplir de las naturales.

La reconstrucción de megalitos suele generar inevitables discusiones y necesarios debates entre profesionales. La lista completa de rehabilitaciones es extensa, el dolmen Aiz-komendi o Eguilaz, la nocturna de Jentilharri, el chromlech Mendiluce y otros megalitos de la sierra de Entzia, los dólmenes El Montecillo o La Chabola de la Hechicera en Elvillar, Araba, los chromlech y cista de Ondarre en Aralar, la joya de la corona en Gipuzkoa el conjunto megalítico Mulisko Gaina en Urnieta, etc., o a veces una simple limpieza como en los cuatro dólmenes de Oindolar en Aduna, Villabona, suele ser suficiente para comprender y disfrutar el monumento.

Este último julio tras una endémica y esquiva orquídea del monte Pardarri en la Sierra del Aralar, visitamos el antiguo sel Beaskin, hoy conjunto megalítico con dos chromlech, un túmulo funerario y un pequeño menhir, estamos a 750 m de los refugios de Igaratza. El chromlech Beaskinarte localizado en 1982 por Armendariz y Del Barrio fue excavado en varias campañas y restaurado solo hace dos años, componiendo una imagen bella, fantástica y equilibrada en un atractivo paisaje pastoril.

El resultado a dos años es que el chromlech Beaskinarte necesita una actuación de protección y reparación urgente. Tres testigos del monumento han caído, dos de ellos están rotos y todos los demás se mueven con un dedo. Algo parecido pero aún no tan grave se adivina también en los de Ondarre, a pesar de que fueron restaurados tres años antes que Beaskin. Hay un testigo roto y varios monolitos se mueven de donde fueron colocados en la restauración.

Soluciones

No se puede atribuir culpa alguna al ganado pese a que ha sido vector principal de tan rápido deterioro. Son las secuelas de implementar políticas de investigación aplicada sin pasar antes por la básica. Se debiera instalar en Ondarre una estación de testeo de monolitos de diversos tamaños con distintos grados de enterramiento, testeo de nuevos materiales que envejezcan con decoro o pruebas con ferralla y zapatas de cemento que sustenten el peso de las piedras, en poco tiempo se obtendrían modelos prácticos adaptados al terreno.

A 580 m de Beaskin aún sigue en pié el escultural menhir Igaratza III, de unos 5000 años de antigüedad y abatido por la parcelación del S XIV. Descubierto por Arantxa Lizarralde y Luis Millán en 1979 fue levantado de nuevo en 2014. Suele ser habitual encontrar en las aristas de este maravilloso monolito pelaje de yegua u oveja que lo utilizan para aliviarse de parásitos, «al menos sirve para algo», comenta jocoso Millán.

No olvido el segundo elemento que me llamó la atención al inicio en esta afición megalítica: una especialidad con demasiado despacho y poco campo, cerca de Beaskin diez chromlech esperan excavación. Podemos prospectar desde el ordenador sin salir del estudio, ver y analizar elementos imposibles de detectar sobre el terreno, pero el hábito de zapatillas, bastón y libreta resulta imprescindible. On Joxemiel Barandiaran decía con su particular socarronería: «para llegar a entender el sentido profundo de las cosas, mejor que el músculo del cerebro es usar las piernas».

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