«El carnaval es coger esto, arreglarlo, crear… me encanta»

Charo Berra junto a su marido en el carnaval de Tolosa

«El carnaval es coger esto, arreglarlo, crear… me encanta»

Charo Berra > carnavalera

Agurtzane Núñez Yarza

Botones, cuerdas, sábanas, manteles, corbatas, pantalones rotos… cualquier cosa vale para hacer el disfraz de carnaval. Y como complemento, capsulas de café, flores y verduras, o lo que caiga. Charo Berra prepara cada año sus disfraces con lo que encuentra por casa, a veces en grupo, y otras con su marido, pero cada año diferente.

«Guardo de todo en casa, y luego lo aprovecho. Una puntilla, los cristales de las lámparas para adornar los trajes, las cuerdas de los jamones para hacer colgantes rocieros…», recuerda. Siempre ha sido carnavalera, y «aunque de joven no puedas hacer mucho, un gorro o una chilaba».

Cuando sus hijos eran pequeños les hacía los disfraces, y «desde hace 25 años o así empecé a preparar para mi». Son todos «100 por cien personalizados», indica: «con un trozo de tela y una cinta ya te puedes hacer una falda. Luego le voy añadiendo o quitando cosas, muchas veces lo termino el mismo día», recuerda.

Algunos trajes los guarda, pero otros, los deshace para crear nuevos y aprovechar lo máximo. «No compro casi nada. Si salimos con el grupo de amigos igual alguna tela en las rebajas para tener para todos, pero poca cosa. Aprovecho casi todo, y los que me conocen me guardan telas o cosas que saben que me pueden venir bien para carnavales»

Y es que no hace solo para ella, también para sus hijos o para algunos amigos. «No lo hago por trabajo, lo hago porque me gusta, y me da pena, sabiendo coser, no tener más tiempo para hacer cosas», ya que además de los trajes de carnavales también les hizo los trajes de novia para sus hijas.

El alma del Carnaval de Tolosa

De señoras antiguas con un traje hecho con sábanas viejas, de sevillanas con pendientes desemparejados como medallas, con trajes a partir de trozos de vaqueros… cualquier cosa sirve para crear un disfraz para Charro Berra. «’¿Tu de qué vas?’, me solían preguntar. ‘Yo, de carnaval’, no voy de alguna cosa determinada. Puedo ir de mujer antigua, pero puesto carnavalero», indica, «el carnaval de Tolosa es coger esto, ponértelo, arreglarlo y darle la vuelta, es crear, a mi me encanta. Me gusta hacer cosas que no se va a poner nadie».

Uno de esos trajes personalizados lo hizo para el grupo de amigos que salen juntos: un vestido hecho con corbatas. «Menos Blanca, que también cose, casi todos los trajes me los coso yo, sombreros, bolsos y todo. La mayoría son de un cuñado que cuando murió me los guardé. Cada una llevábamos 36 corbatas en el vestido y cinco en el sombrero. Llama la atención, y las corbatas están enteras, si se quiere se pueden soltar para utilizarlas».

De sevillanas a mujeres antiguas o la duquesa de Alba, han pasado por muchos disfraces. Y cuando no va en grupo, también tiene disfraces para ella y su marido. «Durante años le he vestido de mujer, yo iba de señora y le ponía de sirvienta. O me vestía con su traje de bodas y a él con un traje de casera, o vendiendo cestas y pañuelos…», explica.

Además, si por algo se caracteriza Charo Berra es por los tocados que crea, que van más allá de cualquier peluca o sombrero. «Una vez me puse unos zapatos que me dieron en una tienda, de los que ya no iban a vender; todavía los tengo guardados. También me hice otro con dos pelucas, una bolsa de patatas y unas grilleras con cascabeles, y uno que tenía puerros, berzas, y una bola del mundo rematado con una gallina que me dejó la carnicera. Todo tenía su significado», recuerda.

Y, claro, cada día del carnaval tienen un traje diferente, incluso se pone más de uno al día. «La gente nos pregunta a ver cómo nos cambiamos tanto». El domingo a la mañana salen en el pasacalles con algo que encuentran por casa «el año pasado salimos con delantales y trapos de cocina colgando», luego se cambian para ponerse el disfraz que corresponde. El lunes puede ser nuevo o alguno reutilizado, y el martes salen desde por la mañana con el mismo, «vamos al toro del aguardiente, a las ocho de la mañana, y luego ya no nos cambiamos».

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