Alteración en el mundo micológico

Favolaschia calocera

Alteración en el mundo micológico

Los aficionados a recoger hongos y setas se quejan de que no salen tantas como antes, pero son muchos los factores que llevan a ello

Amaia Núñez Yarza

Ya no se trabajan los bosques ni los prados como antes, y ese es uno de los factores fundamentales en el cambio que han tenido las setas en los últimos años. Los aficionados a recogerlas se quejan de que no salen tantas como antes, pero son muchos los factores que llevan a ello. Estos factores hacen que cada vez sea más difícil la observación de algunas especies que antaño eran más o menos comunes. «Nos damos cuenta de que muchas de ellas afloran un número bastante inferior de ejemplares», explica Juan Ignacio López, miembro de la sección de micología de la Sociedad de Ciencias Aranzadi.

Aunque parezca que cada vez hay menos setas, es un hábitat cambiante y es posible que algunas de las que conozcamos desaparezcan, pero en su lugar surjan nuevas especies. «Creemos que todavía hay especies sin identificar», afirma Juan Ignacio Lopez, «como lo demuestra una de las últimas halladas que ha sido bautizada con el nombre de Pseudosclerococcum golindoi en honor al micólogo de Zarautz José Luis Albizu Mayoz ‘Golindo’, miembro de Aranzadi, para lo cual se realizan los pertinentes estudios de clasificación y ADN que certifican que se trata de una especie nueva». Así mismo, existe una especie nueva identificada en el año 2002, el Agaricus laskibarii en honor al recientemente fallecido Xabier Laskibar Urkiola, fundador del Departamento de Micología de Aranzadi.

En este sentido, además de surgir nuevas, también han llegado a Gipuzkoa setas de otras latitudes. Es el caso de la Favolaschia caloscera originaria de Madagascar. «La primera cita en Europa fue en Italia, sobre restos de madera tropical; en España fue recolectada por primera vez en Gijón, y aquí en Gipuzkoa en Oiartzun sobre ramas de roble», explica. De color naranja, «muy bonita», es una especie de árbol, no comestible.

Setas de Australia

Otra especie que ya está bastante extendida es el Clathrus archeri, de Australia. A Europa creen que llegó con las tropas Australianas en la Segunda Guerra Mundial, bien en sus ropas o en su calzado. «A Gipuzkoa se cree que llegó a través de una importación de lana, para una empresa de la zona de Zizurkil, donde se recolectó por primera vez», indica López.

Esta especie se ha extendido con facilidad al encontrar un buen clima y hábitat, pero esto no indica que pueda ser invasora y desplazar a las autóctonas. El descenso de la flora micológica de los últimos años se debe a diversos factores, en los que también ha contribuido la mano del hombre. «En la costa, por ejemplo, si sube el nivel del mar desaparecerán las especies que fructifican en las dunas, lo cual no quiere decir que no vayan a ser sustituidos por nuevos espacios costeros», reflexiona López.

Las setas se multiplican por esporas. Cuando germinan, forman una redecilla en el subsuelo denominada micelio, que se encuentra a muy pocos centímetros de la superficie y que en condiciones óptimas fructifican dando origen a lo que llamamos seta u hongo. Desde la sección de micología de Aranzadi aconsejan «sacar la seta entera ayudados por una navaja y no cortarla, ya que de esta manera, al dejar parte de la seta en el subsuelo, no podríamos identificar la especie con seguridad». Hacerlo de esta forma «no daña el micelio».

Destrucción de micelios

El descenso de las setas se debe también a la destrucción de los micelios. «Cuando se tala o clarea un bosque, la maquinaria pesada que se utiliza para efectuar estas labores rompe los micelios», admite y añade que, «cuando solamente se clarea, se permite la entrada de la luz, permitiendo el crecimiento de otros tipos de plantas que alteran el hábitat. Concretamente la zarza, que poco a poco ahoga los micelios».

En este sentido, recuerda las labores de mantenimiento que antaño se realizaban en el bosque. «Hace ya unos años que se han dejado de limpiar los bosques; antes en otoño se cortaba el helecho y se recogía junto con la hojarasca para usarla como cama para el ganado, lo que producía el fiemo que se sacaba a los prados. Esto se dejaba secar en los típicos metatxorros para luego, una vez secos, poder extenderlos y abonar el terreno», recuerda. Hoy en día, «el fiemo se almacena en silos y se esparce en forma de purín. Con esto han dejado de fructificar todas aquellas especies del género Hygrocybe que tanto nos alegraba ver con toda su gama de colores, rojos, amarillos, verdes, rosas, blancos… pero al haber alterado su hábitat, lo que fructifican son los hongos coprófilos asociados a las heces de las vacas».

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