El origen de las muelas de molino

Javier Salvarredi con Javi Castro, junto a una muela de 105 cm en la cantera de Akezu

El origen de las muelas de molino

Numerosas canteras moleras abastecían de piedras a los molinos

Amaia Núñez Yarza

En Gipuzkoa hay constancia de más de 800 molinos, la mayoría harineros. Utilizaban piedras de casi una tonelada para moler los cereales, pero, ¿de dónde sacaban esas piedras? Javier Castro lleva más de una década buscando las canteras de muelas de molino, y estudiando los vestigios que en ella encuentran. «Antxon Agirre Sorondo escribió bastante, pero no se dedicó a las piedras de los molinos. Él habló de molinos, de ermitas, de ferrerías… de muchos temas», explica Castro, por ello tuvo que «beber de las pocas fuentes que había» y seguir las pistas que iban dejando autores como Barandiaran y Agirre Sorondo.

En el camino no ha estado solo. Cuenta con la ayuda de colaboradores que conocen bien los municipios que Castro quiere estudiar, aficionados a la etnografía, con los que descifra las pistas para localizar lugares que hayan servido como canteras de piedras de molino. Juntos cruzan la información disponible de cada lugar y que puede llegar de diversas fuentes: personas que conocen el lugar, datos geológicos, Google Earth, cartografía Lidar, toponimia y documentos de archivos históricos.  Así, hoy en día han localizado más de 270 canteras entre Gipuzkoa, Bizkaia, Álava y Navarra.

Molinos en la toponimia

20190323 161705 Javier Salvarredi con Yoseba Alonso junto a una muela de 110 cm en la cantera de Ipuliño Zarra foto Javi Castro Txantxangorri Aldizkaria

La importancia de los molinos se aprecia con solo fijarse en la toponimia. Errotarrieta, por ejemplo, sería el lugar de donde sacaban piedras de molino. Además de los nombre que empiezan por ‘errota’ como Errotaburu, Errotaldea, Errotaran, etc. También son sinónimos de molino igera o eihera (Igerabide, Igara, Igaralde, Igarondo, Ieratxulo…) y bolu o boli en Bizkaia (Bolueta, Bolibar, Bolinaga, Bolunburu…). «La ferrerías y los molinos eran los únicos ingenios técnicos que funcionaban en el siglo XVI. Si comprabas una piedra y no molía, la gente no comía». De ahí su importancia.

Cada piedra pesaba alrededor de 800 kilos, por lo que podría haber numerosas canteras que abastecieran a los molinos cercanos. Algunas de las canteras ya se citan en documentos, aunque en muchos casos pasan desapercibidas. «En el archivo de Berastegi pone que se hizo una piedra molera en Gorosmendi, otra en Aketzu (Ipuliño) y luego se trajeron cinco piedras moleras de Andatza, de Usurbil. Alrededor de 1670», explica Javier Salbarredi, quien encontró el documento antes de conocer a Castro. Juntos han descifrado esas pistas y han conseguido localizar más de media docena de canteras en esa zona.

Durante sus investigaciones Castro con Yoseba Alonso y Asier Agirresarobe han encontrado documentos en los que se indican las ventas de las piedras extraídas en la cantera de Andatza en Usurbil, y que pertenecía a Roncesvalles en su mayor parte, dentro de un estudio multidisciplinar sobre Usurbil que presentarán en los próximos meses. De esta cantera, por ejemplo, en los siglos XVI y XVII se enviaron muelas a Bilbao, Ondarroa, Lekeitio, Salvatierra, San Juan de Luz y numerosos pueblos de Gipuzkoa. ¿Quiere decir esto que eran las mejores? «Puede ser, si había todo ese negocio». Aun y todo, no le gusta entrar en comparaciones. «En cada sitio el suyo era el mejor, porque no tenían otro. En Andatza el conglomerado, y en Baztan y Berastegi  las de arenisca roja».

La mayoría de las piedras son de arenisca, aunque muchos creen que son de caliza. «La caliza no puede usarse para molino, por una razón muy sencilla: conocemos todos los valles de caliza de Gipuzkoa y el fondo del valle, es arcilla. La caliza suelta arcilla y siempre patina. Un molino no puede patinar, porque no haría harina».

En este sentido, Javier Castro defiende la teoría de que muchos dólmenes han sido destruidos por canteros. «Si soy un buscador de tesoros, quito la tapa pero la dejo ahí. Los de caliza siguen manteniendo la tapa, porque no les interesaba; las losas de arenisca han desaparecido», explica. Seguir el rastro de dólmenes de arenisca le ha servido para encontrar algunas canteras en las inmediaciones.

Muelas de molino abandonadas

En la mayoría de las ellas se pueden encontrar piezas inacabadas y abandonadas. «Algunas están casi acabadas», pues las piedras las tallaban en el monte. Una vez extraído el bloque del tamaño necesario, lo calzaban en horizontal para empezar a tallar uno de los lados. Para ello, tallaban una cruz, que servía de cota cero para picar el resto de la piedra a partir de ese nivel. De esta forma, también podían trabajar hasta cuatro canteros a la vez, cada uno en su sección. El agujero también se hacía en este momento, pero sin cruzar hasta el otro lado «porque rompe» las esquinas. Para realizar el otro lado le daban la vuelta y seguían el mismo proceso. Si en algún momento se les rompía o veían que no era válida por alguna fisura o una veta, abandonaban la piedra y «como tenían gratis», se iban a por otra. «En esa operación tardaban entre 7 y 10 días, para una muela de 140 cm de diámetro».

Javier Castro y Javier Salbarredi junto a una muela en Larre.Junto con las canteras, quiere poner en valor el oficio de cantero molero. «Es un oficio exclusivo, especializado», aclara, y añade que con ello intentan «recuperar la historia de cada pueblo. Si había canteros moleros en Berastegi, es que había ese oficio en el pueblo. Si dices que había carboneros dicen ‘claro, había ferrerías’. Se sabe. Pero no es así con los canteros».

Cada piedra tenía una vida útil aproximada de 15-20 años, dependiendo del trabajo que tuviera. «En esa época, siglo XVI-XVII, costaban 15 ducados, el equivalente a una pareja de bueyes, o a retejar un caserío entero. Era mucho dinero». No era solo ponerlas, había que mantenerlas, repicar los surcos…«Alargarían la vida todo lo posible. Le darían la vuelta…».

También llegaban a los juzgados si hacía falta. «Tenemos contratos en los que indican que van a mandar a un perito para valorar la piedra», por ejemplo en Alegi, donde «decían que la pieza era de mala calidad. El cantero dice que es el molinero el malo, que no sabe moler. Y en otro documento de 1770 en Navarra, el molinero dice ‘que no me traigan piedras de Amezti, que me traigan de Alkurruntz, que la de Amezti es mala’. El único documento en el que dice que una piedra es ‘mala’», explica.

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