Jose Luis Urkola: «La pesca es una locura; algunos piensan que es coger el bocadillo, ir al río y echar la caña»

pescando a látigo en el Araxes

Jose Luis Urkola: «La pesca es una locura; algunos piensan que es coger el bocadillo, ir al río y echar la caña»

Jose Luis Urkola aprendió de su padre a pescar, y tiene numerosas txapelas de diversos campeonatos

Amaia Núñez Yarza

La pesca es toda una ciencia y no vale con una caña y un anzuelo. Jose Luis Urkola aprendió a pescar con su padre de niño, que continúa hasta hoy en día. «Eramos de río, lo que nos gustaba era pescar truchas», admite. Y de su afición, pasó a montar sus propias moscas, algo que hoy en día es bastante común, pero en aquella época tenía más dificultad. «Aprendí de un señor de San Sebastian, con 14-15 años», recuerda. «Era amigo del aita y me enseñó a hacer moscas. Y a partir de ahí empecé yo. Toda la vida haciendo moscas».

En todos estos años, la técnica del montaje ha evolucionado mucho. «Antes pescábamos con moscas ahogadas, en los años 80, 90 y los 2000, pero eso ya está un poco desfasado. Ahora se pesca con otro tipo de moscas», explica.

Actualmente lo importante es montar piezas que se parezcan lo más posible a los insectos de los que se alimentan las truchas y, así, hay una amplia variedad de piezas de todos los colores y formas: ninfas, moscas secas, moscas ahogadas, perdigones… que imitan a efémeras, tricópteros, a diversos tipos de insectos. «Ahora mismo hay miles de montadores de moscas. Hay mucha facilidad para aprender. Entras en Youtube y ves mil montajes de moscas. Prácticamente todos los pescadores tienen su tallercito en casa y se montan sus moscas».

Su padre, Jose Leon Urkola, era «muy buen» pescador, recuerda. En cambio, no sabía montar moscas. Fue Campeón de España tres veces, pero él no ha conseguido nunca alzarse con el título, aunque ha sido subcampeón en varias ocasiones y ya está preparando el campeonato que se celebrará en agosto en Asturias. Entre los dos, además tienen varios campeonatos de Gipuzkoa y de Euskadi.

Él ha conseguido ganar numerosos campeonatos con sus propias moscas, aunque no siempre es así. «Hay montadores de moscas muy buenos que son muy malos pescadores, porque luego no eligen bien las moscas, y al revés. Pero mi padre, por ejemplo, no montó una mosca en su vida, se las hacía yo», recuerda.

Pero con montar bien no es suficiente, también hay que saber cuál es la más conveniente para pescar en cada momento. «Cuanto más temprano es la temporada, marzo, abril, las moscas suelen ser más oscuras normalmente. Y luego en el verano se van aclarando los colores», explica.

El material para montar las moscas también es más accesible hoy en día. Normalmente se utilizan plumas de colores, con hilos para dar forma. «Es un mundo que está evolucionando cada año más. Todos los años van saliendo materiales nuevos, hilos nuevos, láminas sintéticas nuevas…», indica.

Aún así, los que más fama tienen son las plumas de gallo, donde también hay una amplia variedad: pardos, indios, langaretos… Entre todos destacan las plumas de gallo de León. «Es un gallo que se da en esa tierra solamente, por el clima que tiene. Las plumas tienen un brillo especial, es una cosa muy curiosa. Se está perdiendo poquito a poco, pero todavía quedan 8-10 criadores muy buenos».

«La pesca es una locura. Mucha gente se piensa que es coger la bota de vino del bocadillo, ir al río, y echar la caña a ver si pica», pero detrás hay mucho más. Para quienes andan en las competiciones, «si eres de los competitivos, tienes que entrenarlo. Hay que meter muchas horas en el río», subraya y añade que «hay que conocer el río también: dónde están las truchas y tener ese sentido, ese instinto de decir ‘ese sitio me gusta, esto no me gusta’».

 


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