La arista de Txindoki: a la tercera, la vencida

Txindoki

La arista de Txindoki: a la tercera, la vencida

Más de medio siglo después de abrir el camino una placa recuerda el hito en la base de la arista

Miguel Ángel Bermúdez

Han pasado muchos años desde que tres socios del Tolosa Club escalaron por primera vez en la historia la arista del Txindoki (Larrunarri). Fue un 21 de octubre de 1951. De siempre el deporte de la montaña ha tenido muchos seguidores, pero en aquella época por aquí no se practicaba la escalada, no había conocimiento técnico sobre el tema.

Mendizales de toda Euskal Herria visitaban el ‘Cervino vasco’, admirando du recortada cresta. La recortada arista del Txindoki atraía enormemente a los montañeros, pero debido a que no sabían nada de escalada no se atrevían a intentarlo. La prudencia les hacía echarse para atrás en la aventura.

Los miembros del Tolosa Club querían ser los primeros en escalar la arista occidental del Txindoki. Los montañeros estaban familiarizados con la roca y la verticalidad, pero tenían que aprender la técnica de la escalada: el manejo de la cuerda, los aseguramientos, los materiales, etc. Jaime Reñé, experto escalador catalán y amigo del entonces presidente del Club Jose Mari Peciña, fue el que dio las clases correspondientes.

Una vez aprendida la técnica, se constituyó la cordada que iba a intentar la escalada, compuesta por Antxon Sáenz Basagoitia, Jose Mari Peciña y el maestro Jaime Reñé. Ya estaban listos para su gran aventura. El 7 de noviembre de 1949, con 50 metros de cuerda de cáñamo, 15 clavijas, 10 mosquetones, 3 martillos, tacos de madera, anillos para rappelar, etc. Se dispusieron hacia su objetivo.

Una vez llegados a la base de la arista comienzan la vertical, con pasos ‘muy finos’. La roca estaba en buenas condiciones. Van introduciendo clavijas y algún taco, para asegurarse y superar los pasos más delicados. El último de la cordada recuperaba el material, que era escaso para volver a utilizarlo en otras zonas. El primero de la cordada no sabía con lo que se iba a encontrar en aquella arista virgen, fue una autentica odisea.

Poco a poco la arista comienza a enseñar los dientes: afilada, aérea, vertiginosa. En ocasiones el desplazamiento a la cara sur hace que las vistas sean espectaculares e impresionantes. En medio de la ascensión los escaladores se topan con una gran placa rocosa completamente lisa. Con ayuda de dos clavijas para asegurarse superan el obstáculo. Esta roca estaba provista de minúsculos agarres y diminutos apoyos para las punteras de las botas, por eso la denominaron ‘Placa bonita’.

Momentos después llegaron al punto más comprometido de la arista: un desplome mixto de hierba y roca que les corta el paso. El tiempo cambia bruscamente y un fuerte ventarrón impide mantener el equilibrio a los escaladores. Después de nueve horas deciden abandonar, bajando con un rappel a la vertiente norte. Regresan a casa con un conocimiento casi total de la arista que les será de gran ayuda en futuras acometidas.

Un año más tarde, en 1950, emprenden de nuevo la escalada, esta vez acompañados de Joxe Bernardo Arrate en sustitución del catalán Reñé. Después de siete horas y media llegan sin dificultad a la zona donde un año antes tuvieron que abandonar. Pero una tormenta con gran aparato eléctrico les obliga a seguir la misma vía de retirada que la vez anterior. Por segunda vez tuvieron la miel en los labios. En aquel momento tuvieron presente que una retirada a tiempo es un triunfo.

Ya en 1951, Peciña, Saéz y Arrate emprenden de nuevo la aventura, esta vez convencidos de que será la definitiva. Durante la ascensión se cruzan con un pastor que les predice lluvia para primera hora de la tarde. Efectúan la escalada muy seguros. Llegados al punto donde anteriormente se habían retirado, ven que meses antes había habido un gran desprendimiento que ha variado la fisonomía de la cresta. El obstáculo serio sigue pareciendo difícil. Los tres escaladores descansan antes de proseguir.

Dificultad final

Es mediodía, el lejano tañido de las campanas de Amezketa que suenan 1.000 metros más abajo anuncia el Ángelus del mediodía. El hiedro-techo que aguarda a los tres escaladores es complicado y difícil. Mala roca para penetrar las clavijas. Un paso de hombros y con la ayuda de varias clavijas superan la dificultad con la máxima prudencia.

Veinte metros de pared. Para superarla necesitaron dos horas, utilizando 10 clavijas. Una de las clavijas, llamada pitonisa, se resistió y la dejaron de recuerdo como testigo de la hazaña. La verticalidad cede en la arista y la cumbre se ve todavía un poco distante.

Nubes amenazadoras hacen acto de presencia y se acuerdan del aviso del pastor. A las 14:15 pisaron la cumbre del Larrunarri. En el último tramo no tuvieron ninguna dificultad. Cinco horas y media les costó escalar la arista. Los ‘irrintzis’ que soltaron los tres escaladores se oyeron en la villa papelera. Anteriormente muchas veces habían ascendido al Txindoki, más nunca les toco luchar tanto por él.

Los conquistadores de la arista Jose Mari Peciña, Antxon Saénz Basagoitia y Joxe Arrate, miembros del Tolosa Club,  denominaron la cordada Irurak bat. Años más tarde, terminando la década de los cincuenta, se abrieron las dos primera vías en dicha cara sur, la vía Frontón (Arrastoa-Garmendia) y el Hiedro de Txindoki (Lusarrets-Kirch-Vitoria), ambas vías próximas y comprometidas. En la actualidad una placa indica el comienzo de la arista a modo de homenaje a sus pioneros. Bonito detalle que colocó Javier Miralles en el 65 aniversario de la hazaña.

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