Nuestros vecinos los árboles

Biodiversidad urbana. Núñez

Nuestros vecinos los árboles

Además de sombra y humedad, está comprobado que mejoran la salud mental de las personas

Agurtzane Núñez Yarza

Cada habitante necesita como mínimo 10 metros cuadrados de espacio verde urbano en un pueblo o ciudad para que los vecinos tengan calidad de vida, según un estudio de la Organización Mundial de la Salud. En Gipuzkoa, los datos de un estudio del Gobierno vasco revelaron que en 2018 había una media de 18 metros cuadrados de zonas verdes urbanas por habitante, casi el doble de lo recomendado, aunque entre las distintas comarcas hay diferencias notables.

Los parques y jardines se planifican muchas veces para hacer bonito, pero más allá de las apariencias, son una necesidad para las personas que viven cerca de ellos. «Son muy importantes, hemos quitado el espacio a la naturaleza en las ciudades que diseñamos», sostiene Olatz Aizpurua, miembro del Departamento de Ornitología de Aranzadi.

El beneficio más visible de tener un parque con árboles, arbustos y herbales, es el descenso de la temperatura que crean a su alrededor. Se calcula que plantar árboles estratégicamente puede reducir la temperatura de la zona entre dos y ocho grados, e incluso reducen la necesidad de usar aire acondicionado y calefacción.

«Las ciudades son focos de calor, eso quiere decir que cuando hace calor, hace más calor en la ciudad, por el tráfico, los edificios, etc. y en los parques siempre habrá menor temperatura», indica, y añade: «en verano, los árboles nos dan sombra, y la hierba proporciona una humedad que no sentimos en un pavimento». Es conocida también la capacidad que tienen los árboles de capturar el CO2, por ello, en las ciudades colaboran en la reducción de la contaminación. Cada árbol puede absorber hasta 150 kg. de CO2 al año, con lo que ayudan a reducir el cambio climático.

Animales en la ventana

Si algo tiene la naturaleza es el efecto relajante que tiene cuando uno se sumerge en ella. En el caso de los parques urbanos, los resultados son parecidos. Está comprobado que tener árboles cerca de casa y pasear entre ellos mejora la salud física, pero también la salud mental, ya que aumentan la energía y ayudan a bajar los niveles de estrés.

«Es un reto gestionar de manera sostenible las zonas verdes en una ciudad, ya que no solo es crear o gestionar los parques, sino que hay que tener en cuenta el tráfico o la seguridad», dice. «En los años 50 y 60 se plantaron árboles sin tener muy en cuenta el tamaño al que podrían llegar, y por ello, ahora hay que podarlos, porque hay que pensar que tienen tantas raíces bajo tierra como ramas. También se tiende cada vez más a dejar los troncos muertos en el lugar, no en horizontal sino en vertical, porque son alimento para los insectos, pero dependiendo dónde están puede suponer un problema de seguridad si hay mucho viento». Por ello, abogan por realizar una gestión diferenciada, «en el que se explique a los vecinos porqué en un sitio podas los árboles y en otro no, o porqué dejas crecer la hierba en algunas zonas, que no crean que es porque no se cuida», subraya.

Hay personas a las que no les gustan los árboles y preferirían calles asfaltadas, pero se perderían el espectáculo que incluye ver la naturaleza en evolución, y no sólo los árboles y arbustos en las diferentes estaciones. «Puedes tener un nido de mirlo junto a la ventana, o puedes ver cómo crían las golondrinas», resume.




Aizpurua es la coordinadora del programa Enarak, en el que realizan el seguimiento de los nidos de golondrinas, aviones y vencejos comunes, donde ha comprobado los problemas que suponen para algunos ver algo reservado a muy pocos, como un nido con sus polluelos.

La flora siempre va acompañada de fauna, y en los parques urbanos también. «Se crean pequeños hábitats en ellos. Los árboles atraen insectos, y éstos a su vez tienen sus depredadores, que controlan su población, como los pájaros o los murciélagos. Por ello es importante dejarles su espacio», indica.

«Es importante también dejar que la hierba y las flores cumplan su ciclo vital, que tengan flores, que den frutos y después semillas. Siempre hay que promocionar y dar prioridad a que se planten especies autóctonas, reducir el uso de fitosanitarios y dejar que la flora complete su ciclo vegetativo».




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