La necesidad humana de medir el tiempo

La necesidad humana de medir el tiempo-Relojes de pared

La necesidad humana de medir el tiempo

La colección Echeverria alberga cientos de relojes de todos los modelos y tamaños imaginables

Martín García

El hombre ha sentido siempre la necesidad de medir el tiempo de una u otra forma. Esa necesidad debió nacer en un principio para programar y organizar la caza, la siembra y la recolección de productos vegetales, etc., y al principio se desarrolló tras la observación y estudio de los fenómenos naturales del firmamento. Lo que primero veían diariamente era el sol y la luna, de tal forma que conocer sus ciclos ya les daría los primeros datos importantes para fijar las estaciones, fertilidad de la tierra, e incluso el comportamiento de los animales que también veían de continuo.

Las influencias egipcias y babilónicas influyeron notablemente a la hora de fijar las primeras bases para ‘medir’ el tiempo. Aprovechando la sombra que proyectaba un testigo a lo largo del día, los egipcios fueron pioneros en la creación de los relojes de sol. Esto, tras la aparición del sol, les permitía dividir las jornadas hasta casi su ocaso. También se usaron, con distintos fines, relojes de agua y de arena. El de agua, también conocido como clepsidra, es un poco más moderno que el reloj de arena, y ya lo conocían también los egipcios. La necesidad de planificar y organizar esa primitiva vida en el día a día llevó inevitablemente a los humanos a medir el tiempo cada vez con más precisión.

Si la importancia de medir el tiempo se hiciera por el número de relojes que han llegado a tener los Echeverria en su colección, probablemente sería la más importante de entre todas sus distintas colecciones, que llegaron a sobrepasar el centenar, incluyendo lotes agrupados tan dispares como recipientes de cobre para derretir la cera de las abejas, las bonitas esferas de bronce que adornaban antiguamente las celosías de los balcones de hierro forjado o fundido, etc.

Nos ha impactado sobre manera la cantidad de relojes de bolsillo que llegaron a tener, así como relojes de pared, despertadores, relojes de pie, con péndulo y sin él, relojes de mesa, etc., y, como conjunto en todas ellas, sus variantes en cuanto a materiales, formas, diseños y tecnología. Lo que más nos ha sorprendido es el número de relojes de bolsillo que observamos agrupados en el artístico cuadro de la fotografía 1, donde podemos admirar más de 400 relojes distintos, con tapa, sin tapa, de oro, de plata, de otros materiales, con cuerda central de llave, con manecilla superior de accionamiento, con aviso de hora, diminutos de tamaño, etc.

Lo mismo decimos del resto de los tipos de reloj, de los cuales tan solo mostramos una pequeña parte en cuanto al número total de relojes de pared, de pie, de sobremesa, despertadores, etc., de los cuales, sumando todos ellos, admiramos otro largo centenar.

Si seguimos la historia del reloj y su evolución, observaremos que hubo importantes avances técnicos que se fueron dilatando en el tiempo, tales como el péndulo, cuya oscilación, siempre constante, abrió una importante puerta a la innovación. Su descubrimiento se debe a Galileo Galilei en el siglo XVI, aunque se utilizó por vez primera en 1656; la manecilla que indicaba las horas vino después, pero la segunda que marcaba los minutos fue añadida por primera vez en el siglo XVII por Daniel Quare; sin embargo, el despertador mecánico no se inventó hasta el siglo XIX; y, el de pulsera, no llegó a fabricarlo Cartier hasta 1906, etc.




Un importante problema que también hubo que solventar, es que antiguamente cada lugar o ciudad tenía su propia hora. Para ello, La Conferencia Internacional del Meridiano creó en 1884 el sistema de husos horario, donde se dividió el mundo en 24 zonas horarias, algo que luego facilitó mucho la comunicación y los desplazamientos. En las imágenes 2, 3 y 4 podemos admirar en este orden una pequeña muestra de los relojes de pared, relojes de pie y también de sobremesa.

Como ciencia ficción, que ya no lo es, diremos que los relojes atómicos actuales ya pueden controlar un desfase de tiempo de un segundo en millones de años, lo cuál ha dado lugar a múltiples e importantes aplicaciones, por ejemplo el GPS.

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