Cazadores con alma científica
El Club de Cazadores de Becada ha puesto en marcha una decena de proyectos para conocer mejor esta ave de hábitos nocturnos
Maritrapu nació en Rusia, pero todos los años regresa a la montaña alavesa donde pasa el invierno. En quince meses realizó más de 20.000 kilómetros, desde que le colocaron un GPS a la espalda hasta que perdieron su pista a principios de este año. Maritrapu es una becada equipada por el Club de Cazadores de Becadas (CCB) en 2024 y que, sin querer, ha ayudado a poner un poco más de luz en esta ave.
Sus hábitos nocturnos y el desarrollar la mayor parte de su vida en los bosques, hace que los cazadores sean quienes más posibilidades tengan de tener contacto con estas aves. Durante décadas fue válida la idea de que era ‘un maná que venía de Rusia por millones’, y aunque así sea, «es un ave que hay que gestionar de forma responsable» para que no desaparezca, subraya Asier Vicario, secretario del Club de Cazadores de Becadas. Si bien son un club de cazadores, el objetivo principal es el estudio y gestión de esta ave, por lo que han puesto en marcha diversos proyectos desde que se fundó en 1999. Actualmente cuentan con alrededor de 1.500 socios en toda España.
Desde sus inicios, recopilan datos de los individuos que son vistos o capturados a través del proyecto Becadas, así como las horas en las que han cazado, cuántos perros han utilizado, climatología, etc., y los socios pueden enviar los datos de forma voluntaria. Esta temporada han contado con 315 colaboradores, que han sumado más de 3.000 horas de caza.
Una de las conclusiones a las que han llegado es que la población se mantiene estable. «La población no se está resintiendo con la caza. La proporción de jóvenes tiene que ser mayor que la de adultas. Si cogeríamos más adultas, habría que dejar de cazar», explica.
El Club de Cazadores de Becadas también cuenta con su propio grupo de anilladores, denominado Scolopax, «al cual es muy complicado de acceder». Scolopax rusticola es el nombre científico de las becadas. Cuentan con el soporte de la sociedad de Ciencias Aranzadi y «cuando esa anilla se recupera aporta muchísima información». Por ello, cualquier cazador que capture una becada anillada debe ponerse en contacto con el club para transmitir la información.
En este sentido, una de las «sorpresas» que ha tenido el club es capturar la misma becada hasta cinco veces en la misma campa. Es el caso de Ilargi, una de las que llegó a ir más allá de los Urales. Con esto han podido certificar otra de las hipótesis: la filopatria, esto es, vuelven siempre a la misma campa, tanto en sus estancias en invernales en la península ibérica, como en Rusia cuando van a criar.
Además, gracias al proyecto Rodin han podido verificar que hay ejemplares que crían en la península. «De vez en cuando hay referencias de alguna sedentaria. Se creía que era porque había quedado herida y no había podido emigrar». Con este proyecto los voluntarios van algunas noches de marzo a ver si localizan alguna haciendo la ‘croule’, el vuelo de cortejo del macho. «La sorpresa es que sí se han encontrado, y bastantes. Puede ser que con el cambio climático y el abandono de los bosques en la península la becada esté encontrando un hábitat más amable para criar que hace unos años. Intuimos que cada vez está criando más aquí. Incluso, se han llegado a localizar nidos».
En concreto, el año pasado consiguieron anillar uno de ellos, «una pollada entera en Álava», uno de los sueños del grupo Scolopax. Así, podráncontar con información desde su primer año para aclarar mejor todas las hipótesis abiertas: «a ver si vuelven al mismo sitio o dónde recuperamos esas anillas». Por eso, también agradecen notificar cualquier avistamiento de machos en celo o nidos al correo cientifico@ccbp.org.
En los últimos años han adoptado las nuevas tecnologías. Así, han puesto en marcha ‘Scolopax sin fronteras’, «es el proyecto estrella», con el que equipan a algunas becadas con un dispositivo GPS. Hoy en día, son 27 los individuos con GPS a los que hacen seguimiento. «Se trata de ver cuáles son sus recorridos y sus movimientos con más precisión».
Gracias a este seguimiento, han comprobado que la cordillera de los Urales no es la divisoria de migraciones, al contrario de lo que se creía. «Ya hay cuatro becadas que han pasado los Urales, y alguna es vasca», indica Vicario. Uno de los ejemplares, llamado Gernika, llegó a pasar el Círculo Polar Ártico. Maritrapu, por ejemplo, vuelve a su ‘hogar’ «con una precisión de metros», lo que demuestra la «asombrosa capacidad» de las becadas para volver exactamente al mismo lugar. «Es lo más importante que hemos concluido en estos 27 años: la filopatria».
A pesar de ser cazadores, el objetivo principal es la continuidad de la especie. «Ahora hay mucha fiebre con la becada. Nosotros aspiramos a que la gente sea muy respetuosa con los cupos y que se cace con criterio». Defienden una «caza sostenible». «Si queremos que nuestros nietos puedan seguir cazando dentro de cien años, tenemos que cazar como hace un siglo. Confórmate con cazar dos o tres, dar un paseo con el perro y disfrutar del monte, para que siga habiendo becadas dentro de 100 años».
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