«Todo el mundo tiene una historia con la Mobylette»

Mobylettes en una exposición

«Todo el mundo tiene una historia con la Mobylette»

Un grupo de aficionados mantiene vivos los ciclomotores guipuzcoanos Mobylette

Grupo de aficionados al motociclismo en eibarAgurtzane Núñez Yarza

Cuando eran jóvenes todos tuvieron moto, una Mobylette. Algunos la perdieron y otros la tenían todavía guardada, pero con los años, los integrantes de Euskadiko Mobyletteen Lagunak recuperaron su afición por los ciclomotores, hasta crear hace cinco años el primer club del estado.

La mayoría de ellos se conocieron en internet, aunque casi todos sean guipuzcoanos. «Empecé a mirar en internet, en los foros de mecánica sobre Mobylettes, y te vas conociendo, quedas para dar una vuelta. Hay gente de Irun, Pamplona, Bilbao, Ermua, Oñati, Legorreta… y al final oficializamos el club», explica Gonzalo Gonzalez, presidente del club.

Él estudio mecánica y durante años estuvo trabajando en un taller de motos, por lo que es casi el mecánico oficial del club. Por sus manos han pasado casi todas las motocicletas, aunque la mayoría de los socios tiene nociones de mecánica. «Si conoces un poco la mecánica de estas motos no son complicadas», indica Ángel Amundarain, uno de los socios.

Eso sí, en cada salida que hacen llevan, por si acaso, repuestos para el motor y otras piezas en la parrilla. «La verdad es que son motos que si las tienes medianamente cuidadas no se estropean, son muy duras», explica Fran Núñez. En su caso, la moto que le regalaron para ir al instituto estuvo guardada durante años, hasta que se decidió a recuperarla.

Todos los años hacen un viaje largo, de fin de semana, además de otras salidas cortas, y es rara la vez que no les pase nada. «Sales a la aventura. Yo la primera vez que salí fue en la vuelta larga y me fue fenomenal: se rompió el motor y una pieza de los frenos. No sé nada de mecánica, pero me lo arreglaron en seguida. Y en la última salida se me rompió la junta culata, y a Fran se le perdió un amortiguador, lo encontramos y lo volvimos a poner», recuerda Guillermo Gavilán, otro de los socios.

 




Carreteras secundarias

Estuvo años buscando una Mobylette, «incluso puse anuncios en el periódico», ya que cuando era joven su padre tenía una, hasta que la encontró y se unió al Club. «He tenido moto grande cuatro años y ahora no cambio la Mobylette. Con la grande vas de la A a la Z, pagas tu autopista, aparcas… pero la cosa de sacar el mapa, busca las carreteras secundarias… Cuando hace bueno voy en moto a trabajar y a mis hijos también les recojo de la Ikastola con la moto », explica.

Y es que los ciclomotores, tienen una velocidad máxima de unos 50 kilómetros por hora, por lo que sólo pueden circular en vías secundarias. «Casi puedes ir hablando con el de al lado», dice Amundarain, «vas viendo todo, disfrutas más del viaje».

Al ser ciclomotores, admiten con buen humor que «cuando ves que la moto no puede, toca dar pedales para que suba las cuestas». Anécdotas tampoco les faltan de sus excursiones, como cuando en un bar de moteros en Landa «un grupo de moteros estuvo sacándose fotos con nuestras Mobylettes. ‘Yo tenía una de estas, si la encontrase…’ decían. Y en otra un pastor nos grabó en video mientras pasábamos a su lado. Todo el mundo tiene una historia con la Mobylette».

 




Una moto de Eibar

MobylettesLas Mobylettes, una patente de la empresa francesa Motobécane, se fabricaron durante casi medio siglo en Eibar, en la fábrica G.A.C., Garate, Anitua y Compañía. Como muchas otras de la villa, era fabricante de armas, hasta que después de la Primera Guerra Mundial la crisis del armamento les obligó a cambiar. La parecida fabricación entre los cañones de las armas y los tubos de los cuadros de las bicis, algunas optaron a adaptarse a este sector.

A partir de 1951, las bicicletas se motorizaron, y GAC compró la patente de la Mobylette, que se renovaba cada diez años. Pero a partir de 1985 por problemas para renovar la patente y la crisis en el sector, comenzaron a producir modelos propios basados en los anteriores bajo la marca Motogac. La empresa cerró en el 2001. Motobécane también fue comprada por Yahama y dejó de fabricar la Mobylette en el 2002. Desde entonces sólo se fabrican en Marruecos, Túnez y Turquía.




Matrícula y seguro

En aquel tiempo todavía los ciclomotores no necesitaban matrícula. «Dejaron hasta el 2010 para actualizarse, pero hay un montón que están sin legalizar, es una pena», indica González. «Es una pena tener una y no pode hacer nada. Se pueden sacar cosas buenas que están en el armario», añade Gavilán.

Según explican, las que no están legalizadas «sólo se pueden legalizar como vehículo histórico. Estaría bien que abrirían de nuevo el plazo, como hicieron en Mallorca». Todas tienen que tener seguro, aunque muchos sólo las tengan de recuerdo. «Yo estoy restaurando varias a la vez y algunas llevan años sin pisar la calle, pero me obligan a tenerlas aseguradas, y con ITV. Además de los impuestos municipales. Las que no pudieron matricularlas, muchas acaban yendo a la chatarra», se lamenta González.




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