Alex Reguero: «Empecé haciendo bastones, buscando ramas raras en el monte»
Alex Reguero reutiliza maderas antiguas para tallar sus trabajos
«Hay personas que van al monte a por setas y otros nos vamos fijando en la madera», resume Alex Reguero su afición a la talla. Empezó como muchos otros haciendo bastones pero poco a poco fue mejorando hasta conseguir tallar cuadros, kutxas e incluso bolas ‘presas’.
Su afición por el monte le llevó a intentar hacer bastones con las ramas que recogía en sus paseos. «Les suelo hacer encima un hongo o una figura. Antes solía hacer más detalles como cabezas de amona, de aitona, una mano con un dedo señalando…», recuerda. Su abuelo solía hacer cachabas, «algo que no he conseguido hacer nunca», y su padre también hacía bastones.
Para hacer sus trabajos utiliza todo tipo de maderas, desde los avellanos o el acebo para hacer bastones, o el roble y el haya para tallar. «Lo que más me gusta es el roble viejo, porque es muy duro». Las maderas las consigue en general gracias a su trabajo colocando chimeneas.«Cuando voy a un caserío que igual han retirado las maderas del solivo para la leña, o las ventanas antiguas, las aprovecho. Muchas de las maderas tienen marcas de polilla, incluso de los clavos que han tenido clavados», explica, un detalle que le da personalidad a sus trabajos e intenta mantener. Los clavos los saca con cuidado y los guarda para utilizarlos en otros proyectos como decoración.
Así, ha tallado kutxas, argizaiolas, eguzkilores, el Gernika o una reproducción de su acordeón Guerrini, con la que lleva meses en proceso. También tiene varias tallas con bolas presas, «lo vi en una revista, me salió e hice otras con varias bolas, una con un bolo grande, y también una con manzanas que está en el caserío-museo Igartubeiti», detalla. La mayoría de sus trabajos los hizo en el confinamiento, «era cuando tenía más tiempo». Ahora, tiene en mente terminar el cuadro con el acordeón.
Todos sus trabajos los ha hecho de manera autodidacta, con la única ayuda del formón, el mazo, el compás, escofinas… algunos de los cuales se los ha fabricado él mismo. «Hace unos años había una persona que en las ferias hacía cadenas de una sola madera, y yo siempre me quedaba mirándolo para ver cómo lo hacía, pero cuando le quedaba poco, siempre cambiaba de trabajo. Así que con la ayuda de un cutter estuve haciendo pruebas, hasta que conseguí hacer una con unos diez eslabones», recuerda Reguero. «Yo lo hago como hobby, empiezas y se te mete en la cabeza».
La talla para él es una afición que alguna vez ha mostrado en exposiciones. «No los hago para vender, aunque una vez una persona que me quería comprar uno, no quiso porque el cuadro tenía las marcas de los clavos que le había quitado. Era una madera de un caserío que tendría más de un siglo», subraya. Un detalle que para él le da valor y personalidad, aunque todos no lo valoren igual.
Eso sí, hay una cita que no falla con el caserío-museo Igartubeiti de Ezkio, a los que les hace los machacones con los que prensan las manzanas, los canales y las palas, «todos de una pieza», entre otras cosas.
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