Los 12 ultras de Beñat García por los enfermos de fibromialgia
Beñat García completará 1.200 kilómetros corriendo para dar visibilidad a la fibromialgia, que afecta al 3% de las personas
La madre de Beñat García fue diagnosticada con fibromialgia. Deportista y monitor de actividades para chavales, hace dos años decidió utilizar el altavoz de las redes sociales para concienciar sobre la enfermedad y utilizaba las carreras en las que competía para dar visibilidad a la causa. «Para mi eran retos, porque nunca había hecho ninguna carrera así», explica.
Hasta que un día decidió ir más allá y crear su propio reto. El año pasado, dio la ‘vuelta a Gipuzkoa’ en dos días. Salió de Donostia y finalizó en Asteasu, su pueblo natal, 200 kilómetros y 40 horas después. «Ese fue el primer gran reto. Pronto publicaremos el documental que grabamos», adelanta.
Tras ese primero, decidió preparar otro para este año. Beñat García se ha aventurado a un reto extremo: cruzar de Finisterre a Barcelona. Será en septiembre y deberá completar algo más de 1.200 kilómetros. «Me ha gustado un montón hacer carreras de ultradistancia o de fondo, y siempre estoy tratando de superarme a mí mismo», relata.
«Con este proyecto he conocido a mucha gente en los últimos años y dije ‘conozco a la gente de estos lugares y por qué no hacer desde Finisterre, fin del mundo, hasta la otra punta, desde el mar al mar, pasando por la montaña, hasta la otra punta’. Lo puse en el mapa por curiosidad para saber cuánta distancia había y ponía 1.200 y algo. Pensé ‘ostras, igual es mucho’». Pero lejos de echarse atrás, buscó el modo de completar el reto: «Decidí hacer esos 1.200 kilómetros en 12 días».
Serán unos 100 kilómetros al día. Las fechas todavía no las tiene cerradas. Su idea es salir el 31 de agosto y llegar a Barcelona el día 12. «Serán 12 ultras y el último día en Barcelona va a haber una llegada, un evento, porque el reto es importante pero el mayor reto es darle visibilidad a la enfermedad».
Los fondos que pueda recaudar a través de esta iniciativa los donará al Hospital Vall d’Hebron, «de los más pioneros en la investigación de la fibromialgia y la fatiga crónica». La fibromialgia es una enfermedad crónica no degenerativa y que la padece un 3-4% de la población. «Es una enfermedad invisible, que no se ve a primera vista, y tiene una sintomatología muy amplia, con más de 100 síntomas. Las más principales son dolor en las articulaciones, en la musculatura, pérdidas de memoria a corto plazo, fatiga…».
Aunque también destaca que los enfermos sufren también la incomprensión. «Se sienten poco valoradas, entonces si conocen a alguien, que la valoren y que por lo menos intenten comprenderla». A través de sus redes sociales él intenta transmitir pequeños consejos que ha aprendido en los últimos años para ayudar y facilitar el día a día a las personas enfermas.
Para el reto cuenta con el apoyo de su familia y amigos, especialmente de su pareja, Miriam, y la pareja de su madre, Juan Carlos, quienes forman el equipo de apoyo durante los días de la prueba. Mientras él se preocupa de correr, ellos forman el equipo de apoyo con la furgoneta, con comida y todo lo necesario. «Valoro mucho su esfuerzo, porque no cualquiera está dispuesto a ayudarte para hacer una cosa así». Ahora está buscando también algún médico y fisioterapeuta que le ayuden durante el reto.
En febrero comenzó ya a dirigir los entrenamientos hacia el la prueba. Poco a poco aumentará el kilometraje para ajustarse lo máximo al centenar que deberá hacer para completar la distancia en 12 días. «Son unos 1.200 y algo. Quiero hacer unos 100 al día y dejar para el último los 25-30 restantes», indica. El recorrido lo tiene planificado, desde que consultó la distancia que separaba ambas ciudades en internet. Próximamente, comenzará a concretar cada una de las etapas. «Tengo la idea de meter esos 100 kilometros entre 12-15 horas, para así tener, tener entre 12 y 9 horas de descanso».
En el camino, tal vez participe en otro reto solidario en Zaragoza, la Wop Challenge, por mediación de un equipo de chicas que también sufren la enfermedad. «Quería hacerlo solo, pero me han dicho que es por equipos. Así que les he propuesto hacerlo yo solo 224 km y la última etapa, los últimos 6 kilómetros, con mi madre o alguien para que vaya andando y hacerlo los dos».
Para los entrenamientos, además de la parte física, también preparará la parte de la alimentación y de los hábitos. «Hay que acostumbrar al cuerpo a los horarios que vas a tener esos días, a qué hora levantarse, qué comer, el descanso…». En este sentido, es partidario de la «comida real». «Si no estás acostumbrado a los geles y las barritas pueden sentarte mal».
Al igual que en el reto anterior, su equipo de apoyo se encargará del avituallamiento. Cada siete kilómetros, más o menos, le cambiarán el bidón de agua y podrá comer lo necesario. «Tengo preparada una tabla que indica qué meter en cada parada. Por ejemplo, del 1 al 7 me toca comer un huevo duro más lo que me pida el cuerpo». Mientras avancen los días «cada vez tendré menos hambre seguramente y por eso tomaré sopas con estrellitas. Són fáciles de tomar y tienen los líquidos y los carbohidratos necesarios. Me lo enseñó un atleta».
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